martes, 8 de enero de 2013

A veces milagro.

Dámelo a escondidas
ese segundo que guardas alejado de los relojes
ese segundo que escapa a los minutos.
Que sea ese todo el tiempo que nos envuelva. Que la mirada se vacíe de reflejos y cada dedo un pincel y cada pincel un trazo.
Desnúdalo de adornos. Del tic, del tac, del paseo y del retorno, del hola y el adios y deja tan solo la palabra esencial de cada frase.
Míralo sin un antes ni un después, y sube sobre ti misma hasta rozar ese yo que ves, que veo, y grítalo hasta vaciarte los pulmones. Sonará como la mejor de las canciones.
Agárralo. Retuércelo. Exprímelo y saca de el cada gota, que derrame hasta empapar cada partícula de la estancia y salpícame con el, riendo, juguetona. Y eres tú, y te alzas ninfa de cualquier sueño y dura como toda una vida ese segundo que tenías escondido de los relojes.

Canción de la roca madre.

Bailamos por la música. La música  porque bailamos.
Ningún metrónomo desnuda el compás; el ritmo son dos frentes en contacto y la mirada que huía y ahora se encuentra, la mirada que te devuelve a donde no cuenta el espacio. La mirada sedosa es el tacto-guía, las fibras entrecruzadas que guardan el calor; la mirada como la envuelta de los regalos y al rasgar aparece la maravilla. Los sentidos como uno solo, cada estímulo refundido y abrazas la sensación y el baile para agradecer la música que suena porque estas bailando.
Otra vez las frentes.
Las miradas.
y las miradas se encuentran
y ese silencio que es la música por la que bailas
el vacio solo existe alrededor
público envidioso de la danza, de saber ser el ser desnudo.
La levedad del baile que te eleva y te distingue de la trampa es el único discurso que cuenta, y sin palabras.
Y las frentes.
Y las miradas.

domingo, 30 de diciembre de 2012

In noctem veritas

Tienes nombre de noche de luna llena.
El cielo despejado, las estrellas tomando su lugar en el teatro antes de iniciarse la función. Hay silencio en la noche, un silencio que acampa como el árbitro de las próximas jugadas y ya los protagonistas atraviesan el telón.
Tienes nombre de instante.
La primera palabra rasga el espacio, la primera palabra me rasga. Cada hilo suelto es una nueva caricia, cada caricia es una nueva tela rasgada, cada tela rasgada con sus nuevos hilos sueltos y sus caricias y sus telas rasgadas, la primera palabra rasga el espacio como si fuera el primer grito.
Tienes nombre de mirada.
El cuerpo no es sólo cuerpo; el cuerpo, si habla, no sabe qué es la soledad. El cuerpo llena hasta el último rincón de la estancia, el cuerpo se jacta de su valor y de su saber ser, de su saber estar. El cuerpo, ese que no es sólo cuerpo, sabe que en algún momento puede volver a serlo pero que nada lo opaca cuando libera su esplendor.
Tienes nombre de amanecer.


sábado, 22 de diciembre de 2012

Prestidigitadores y funambulistas

Porque estoy mordiendo tu nuca, y te giras en el preciso instante en el que deseo tu lengua. Porque apenas empiezas a sentir el hormigueo en tus senos, mi boca enmarca tus pezones.
Olvidas las manos del mago, no hay cartas marcadas.
Tu respiración es la única medida de tiempo. La caricia nuestra unidad de distancia. La palabra se despoja del truco y nos acompaña, sutil, sin ponerle nombre al juego ni anclar agarraderos al espacio que generamos, y vivimos y jugamos en la punta de los dedos, nos alzamos sobre nosotros mismos para bailar con la figura que el otro dibuja sobre la piel; ya la luz que te envuelve es amanecer y anochecer en un solo instante y las estrellas te observan con envidia.
No importa cuantas respiraciones hayan pasado porque seguimos estando a tan solo una caricia.

martes, 11 de diciembre de 2012

Trenza

Unidos
con la matemática perfecta de los cuerpos celestes y ya la punta de tus dedos desata un yo desde mi piel, el yo tangente a cada caricia, el individuo que lo es porque existe un otro como dibujando celosías en cada bombilla.
Rendidos
por los arabescos que pintan las espaldas y el sudor conciliador, la armonía de todo ese entramado de curvas en las que perdemos los minutos lamentados y cada sonrisa como la rama de una enredadera, cada sonrisa envolviendo y enraizando, cada sonrisa-la sonrisa, y vuelta a empezar.
Erguidos
sobre la piel, con la piel, hacia la piel, derramando a cada bocado ese fulgor de las noches en las que sueñas que despiertas y la piel está ahí, pero despierto y sin soñar, porque la piel está ahí. Esta ahí como siempre ha estado, solo esperando las luces para salir al escenario. La piel sobre la que subes y acaricias el yo envuelto en la piel que te acaricia, y vuelta a empezar.

Y es ese momento el momento en el que vives.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Luminaria de a traves.

Es un rincón perdido en una pequeña ciudad y no hay ángulos rectos entre tabiques; es un resoplido de alivio, el hálito del tiempo contrayéndose y dibujando volutas con las agujas del reloj, ahora el minutero frena, el segundero lo adelanta y las horas pasan a golpes de una en una, las tres, las cuatro, las cinco, las cuatro otra vez, tira una línea si te atreves.
El mismo disco girando una y otra vez, aunque un tanto rayado, aunque la aguja algo torcida y así los saltos siempre en el mejor momento de la canción, pero es mas romántico, ya sabes, no es el mismo sonido cuando solo son datos, lo discreto jamás podrá batallar con lo continuo (no se baila a golpes).
Y no dibuja sobre el vaho porque la tinta sea infinita, no se perfila a contraluz por la foto mas hermosa. Hace así, simple, un alarde de su naturaleza y sonríe, reduciendo todo el dibujo de su figura a un ligero trazo, y puede haber bruma a la mañana pero las luces permanecerán intactas.


domingo, 4 de noviembre de 2012

Panda

Y entonces eres. El tiempo se contrae y rasca con uñas de gato cada capa, cada fuente escondida, un sentido golpea a otro y la pelea prosigue hasta que vuelve a comenzar, cuatro, cinco o seis niños jugando a la pelota en tu mismo rincón. Han pasado diecinueve minutos. Rearmas. El desprecio en la mirada que te esconde y siempre el mismo niño el que ha de buscar, alguno intenta hacer trampas y se alarga el juego, pero al final un rincón siempre es demasiado pequeño para escondites, ni siquiera cabemos todos pero lo intentas y es en tu esfuerzo insensato donde te encuentra y vuelta a empezar. Diez, nueve, ocho, siete, seis. Han pasado veintitrés minutos más y sigues siendo, sigues siendo.
Poco importa. Si ahora es invierno, es que sigue la primavera.

lunes, 29 de octubre de 2012

Cerillas

Era un cuarto compartido en el que apenas entrabamos bajo la noche y rendidos, un cuarto que apenas pisabamos sin excusa. Un cuarto de decoracion escasa, vacia de significado, solo golpes de color y bolas de pelusa escondidas en la oscuridad. Era un cuarto al que llegabamos sin querer llegar, un escondrijo sin cuentas atras ni carreras ni sonrisas, un cuarto donde el juego llegaba muerto y los niños huian a por la merienda. Un cuarto con ventana, pero escondidos de la luz. Un cuarto como otro cualquiera, pero no. Porque era el cuarto que teniamos y no lo construia el ladrillo, era el cuarto que teniamos y el tuyo no puede ser igual.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Demora, quizás.

En cambio allí amanecía una colina.
El horizonte desaparecido
su aroma en una caja de galletas
y en cambio allí amanecía una colina.
Murió el amante perezoso
(para que citar lo que se llevó, si ya no lo conserva)
y se acabó el sostén.
Sin el sexo ni las estrellas
no había excusa
la confianza sería la costra de las heridas
o no
pero como tal fue arrancada
para que ser vulnerable
si ningún fluido lo ampara.
Y pese a todo, pasaba la noche.
Y allí amanecía una colina.

viernes, 12 de octubre de 2012

Apenas tú

Eres el tiempo perdido en una caja de cerillas,
inflamable saliva de sonrojo
en la boca que nunca vio nacer,
el vaivén de una llamarada
que solo si se apaga quema
(siniestra condición)
y en la comisura de tu sonrisa ignífuga
habitan kilos de ceniza
que son el manto de tu piel.
Y te apagas, y sonríes,
y en tu calma pactada
apenas sobrevive la muerte.