jueves, 5 de junio de 2014

Let's go

Ciegos orgullosos
incapaces de deslumbrarse.
Horda que jamás podrá vencer al orgullo caníbal de los jóvenes furiosos, malabaristas del abismo sonriendo a la fosa común mientras callejean cogidos de la mano buscando una fuente en la que bailar. 
La mirada afilada es la pintura de guerra que los distingue; la cuchilla de sus dedos el arma que desgarra y abre el cuerpo al dolor, la luz, la respuesta que queda.


martes, 3 de junio de 2014

Walkman

La sangre sabía dulce, dulces también las lágrimas.
En una curva de carretera comarcal encontramos el barranco perfecto para el sepulcro. Hartos de golpes y adictos a ellos, ni un paso atrás, uno tiene que caer.
Y no caía nadie.
Guardábamos en secreto que ya lo sabíamos; fuimos a aquella habitación sin árbitro para poder ensañarnos atroces, sucios, machacar la carne y comernos la pulpa, fruicción caníbal en el akelarre de las maldiciones. Durante segundos nos cegó la espuma. Una vista en un barranco.
Pero fuimos honestos.
Entre hierros retorcidos los cuerpos desgarrados siempre dicen la verdad.




Stay gold

Quiero decirte
que escribo poemas para saber que soy más que alguien que escribe poemas
que en mi pecho han escrito su epitafio algunas muchachas que han venido a el a morir
que me aburriré de ti para evitar que seas tu quien se olvide de mí.
Debes saber
que si te hago una promesa es que no tardare en romperla
que dejare de saber leer lo que dicen tus rizos al agitarse
que mis pupilas caóticas se volverán hurañas al verte.
Hechas todas las profecías
ya podemos salir del cine encantados con la mirada de Paul Newman
y buscar aquel rincón donde pensamos el primer baile.



domingo, 1 de junio de 2014

Última noche en Las Vegas

Nos habían prohibido el paso en todos los grandes casinos, pero conseguimos encontrar una buena partida.
Los pardillos cayeron rápido. Llevábamos tiempo deseando medirnos en un mano a mano, y ahora estábamos en ello.
Para los dos era la última noche en Las Vegas.
El juego se trata de conseguir que el rival apueste todo lo que tiene; solo importa una mano, el resto son los preliminares para saber quien se la lleva.
Nos conocemos demasiado. Todos los trucos, los falsos gestos, como intentas colocarme que vas de farol cuando eres todo ases. No somos capaces de engañarnos.
El sueño no nos desgasta.
Aguantamos bien la bebida.
Fichas van y vienen, desajustamos y reajustamos nuestras torres, no dejamos de mirarnos.
Ninguna señal de que el juego vaya a cambiar.
Otro pardillo entra en la mesa.
Lo despedazamos en instantes, compra mas fichas, le dejamos casi seco.
Sonríes. Sonrío.
Echamos todo al pozo y dejamos las cartas sin girar, todo para el pardillo.
Un café nos espera antes de dejar la ciudad.


Detour

Una fila de termitas recorren la espina dorsal
fría superficie
volutas entierran al demonio una tarde cualquiera de domingo.
El pacto se sostiene; algunas cortesías, conversaciones de puesta en común. Una alegoría de la necedad para evitarla a posteriori. Cumplamos el ritual.
Desencadenados de rigores ya podemos desatar la tormenta. Recuerda que te odio, pero no por eso voy a dejar de tocarte. Recuerda que te quiero.
Arde sal en las heridas
lengua
abejas danzando frente al panal.
Esta tarde es otra tarde más, como cualquier otra tarde. Lo leve. El vuelo.
No sabemos que día es mañana, si es que siquiera mañana es algún día, pero aquí seguimos lanzando retos y enviando postales a domicilios ajenos.
Los buzones de las pequeñas ciudades mueren ahogados con cartas de amantes desconocidos
los callejones sonríen
ciertos rincones esconden sus secretos
el paseo nunca termina.


Eros y los dioses ofuscados

Arrastrado en el suelo de la cocina, tan bien barrido que refleja mi rostro.
Hiel.
Trago hiel a cucharadas mientras tú (yo) me observas, creyendo que me quieres. Has pasado del vicio de odiarme a pensar que me amas, tiemblas por la incertidumbre de saber si te correspondo y sonríes cada vez que yo (tú) lo hago.
Harto de tu limerencia, y de no esconderme de ti ni apuñalarte como debiera, derramo el te; no es todo lo amargo que debiera y multiplica tu (mi) reflejo en una danza infernal, paroxismo de cuerpos antes ilustres revolcados en esa superficie fría que recuerda el destierro, el tiempo de la incertidumbre y los medios gestos, aquella gala en la que bailamos poseídos por los ángeles.
Tu, yo, nosotros. Palabras torpes intentan sustituir al nombre, como si llegase con no nombrar para borrar la existencia.
Pactemos un beso, una paz. Hagamos juntos la guerra.


viernes, 30 de mayo de 2014

Llamada

Siguen sin prohibir los atardeceres.
Quizás por eso solo podemos vernos de noche, luces filtradas y reflejos. Quizás por eso hoy no te llame; ha salido el sol. Sin luz tenemos más que contarnos y aprovechamos para no decirnos nada, con el acuerdo tácito de que la primera caricia es despedirse a primera hora, y ya hablaremos otro día.
Aunque haya salido el sol las cabinas telefónicas amenazan; te arrancas la costra y sientes la carne palpitar.
Dame veinte minutos, contesta.
Un código de tiempo, una espera para que el tiempo no importe, un billete de ida y vuelta tan largo como la noche.
Quizás llegue tarde y espere a que se ponga el sol.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Flou

La caricia es la paz de los salvajes.
Surcan callejones
estos héroes y su rebelión
seis de la tarde
seis de la mañana.
Han bajado las persianas
y luchan, frente a frente,
aniquilándose
extirpándose el alma a bocados
sin remordimiento ni piedad.
Buscan la muerte, la encuentran,
vuelven a pelear.
Los salvajes y sus caricias
amenazan en cada esquina.



martes, 27 de mayo de 2014

Rumble fish

Nos gusta tanto escribir entre líneas
que seguiremos tejiendo hasta no caber entre los huecos.
Como peces de siam ensimismados con nuestros colores, aguardando el momento de saltar y despedazarnos el uno al otro.
La sinestesia de las escamas flotando es punk
cada mordisco precede al siguiente
buscando la síncopa de tu mandíbula
(y tu la mía, pero esto lo escribo yo).
Cuando terminemos la pelea estaremos dolidos
nos lameremos las heridas un rato
y chao, ha sido un placer.
Ambos sabremos que ha sido una victoria
y la aceptaremos con elegancia.
Nos vemos en el descampado a las diez.
Rájame, ojos de navaja.



Wild at heart

En su poema favorito, de Corso, un hombre esperaba el retorno de su amante, una princesa egipcia muerta siglos atrás. Pero Corso nunca escribió eso, y lo sabía; seguía siendo su poema favorito.
Los versos inexistentes, quizás alguna palabra acertada, pero al fin algo inconcluso, esa era la mejor manera de expresar la espera. Quizás por eso Corso nunca lo escribió.
Si le preguntabas porque su poema favorito era uno que no existía, te decía que corrieses hacia el primer arcoíris que encontrases.
-Te cansarías, o desaparecería antes de que llegases, así que busca un lugar en el que sentarte y disfrútalo. Allí te encontrará la princesa.