incapaces de deslumbrarse.
Horda que jamás podrá vencer al orgullo caníbal de los jóvenes furiosos, malabaristas del abismo sonriendo a la fosa común mientras callejean cogidos de la mano buscando una fuente en la que bailar.
La mirada afilada es la pintura de guerra que los distingue; la cuchilla de sus dedos el arma que desgarra y abre el cuerpo al dolor, la luz, la respuesta que queda.

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