Eres mi duda más certera.
Y te deseo.
Asiente frente al espejo, descabalgado de todo sentimiento. El delirio le obliga a enraizar lo venerado, atarlo con palabras a una realidad reproducible para acercarlo a lo terrenal, matar el impulso inconsciente que le acecha, le empuja.
Un motor de reconversión, lo abstracto se vuelve concreto, y cimentado, pactado, ya puede comenzar a derruirlo.
Así volverá a tener su cuota semestral de desesperación.

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